Día de nieve, J.Francisco Fabián.

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José Francisco Fabián García (Valdesangil, 1957), arquéologo de profesión, publica su primera novela después de una larga trayectoria en el campo del periodismo, de la divulgación histórica y de la literatura, en la que ha publicado numerosos relatos, algunos de ellos merecedores de premios como el del Concurso Literario del Casino Obrero de Béjar en sus convocatorias de 2000 y 2015. En esta ocasión, escenificado en la villa de Béjar, donde vivió parte de su juventud, sitúa el ambiente de la novela durante un invernal y evocador día de nieve.  

“…Estaremos los dos desnudos, quizá como una alegoría de la forma en que hemos llegado a esto, al punto donde estamos hoy, fatigados pero nuevos y, a pesar de todo, con ganas de seguir viviendo. Dormiré abrazado a ella por detrás, cosido a su cuerpo, respirando y oliendo su cuello entre el pelo, sin pensar en que exista algo más, solo sintiéndome vivo por esto, tranquilo y con ella, sin otras necesidades, ni pequeñas ni grandes, y sabiendo que afuera todo está cubierto de nieve”.

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Hilario Camacho.El trovador de Chamberí

“De Madrid saltó a Menorca y a varios países europeos con el pulgar al aire, la mochila y la guitarra a cuestas, comme il faut. Genial la descripción de Alonso sobre un viaje en el seat 600 por Europa, en plan road movie, o la de ese refugio entrañable que encontró en Béjar, quizá el mejor espacio musical de Castilla.” ( Miguel López)

Hilario Camacho. El trovador de Chamberí

Alvaro Alonso

Silex Ediciones

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Fue un día de hace como un año. Lo recuerdo perfectamente, porque fue un tanto sobrenatural, una especie de psicofonía desde el más allá instándome a escribir sobre Hilario. Las señales habían llegado antes. Primero aquella tarde en casa de Alberto Manzano, escuchando con incredulidad “De paso”. Aquel redescubrimiento hizo moverse un resorte dentro de mí, que me llevaba a mi infancia, cuando me colaba en la habitación de mi hermano Diego, el hippie de la familia. Incredulidad de que algo de tal calidad y modernidad se hubiera editado en la España de 1975. Incluso, imbuido aún por mi experiencia con Gene Clark, encontré similitudes en algunas canciones. Fue increíble ver que no era tan descabellado: en casa de su sobrina encontré el disco “Innervisions” de Stevie Wonder. Y en una entrevista hablaba de ese disco. Lo mismo que había hecho Gene Clark, para inspirarse en “No other”. Todos los caminos llevan a Stevie… El caso es que fui comenzando la investigación, entrevistando personas de su entorno. Y aquello fue haciéndose cada vez más grande, más rico, develador, en lo que es la personalidad del músico, en su manera de componer, en sus influencias, en su manera de afrontar la vida, el escenario, la creación y la forma de encarrilar una carrera que a la postre fue de cuatro décadas sin perder la independencia y la libertad. Hedonismo y compromiso se unían en una sola persona, compleja, sensible, “un hombre pequeño que en el escenario mide siete metros”, de lo más completo que hubo nunca en estos lares, como cantante lleno de soul, como guitarrista hábil tanto con la eléctrica como la acústica, con un regusto por los arpegios bonitos muy por encima del resto de los llamados “cantautores”. Como letrista, visionario al retratar sentimientos, emociones, relaciones con el entorno comunes y, a la vez, inexploradas. Su manera de adaptar verso en melodía no ha tenido quien lo supere. Ahondar en su biografía ha servido para entender a Hilario mucho mejor, pero a la vez para comprender qué somos y de dónde venimos. Y para reivindicar a un músico total, fuera de etiquetas, un caso único, querido y recordado como pocos por aquellos pueblos y ciudades donde actuó, que fueron muchísimos (No paró de actuar, excepto en sus famosas escapadas). Hay un extraño agravio comparativo, inexplicable, con otros artistas que desde hace décadas parecen “jugar en otra liga”, henchidos de reconocimientos. Algo de justicia cabría esperar, pero esto es solo romanticismo. Ahora bien, Hilario perdurará, porque sus canciones, más de doscientas, escritas junto a Escalada, Compairé, Guerrero, Pardo, Bonet, Barral, Villarrubia, Colis, Alpuente, Gómez, Ruy-Blas, Sabina, Torres, Tena, etc., o en solitario, son primorosas, profundas, bellas, como las mujeres por las que andaba siempre suspirando Hilario. Este libro daría para hablar de muchas cosas, no en vano recorre un periodo que va desde los años 60 hasta los primeros años de nuestro siglo. Solo queda invitar a leerlo con calma. Como se suele decir, y es verdad, “ya no te pertenece”. Aunque en este caso y dado que hay un pandemonium de voces que hablan tan abultado, lo de “no te pertenece” es más que justificado si cabe. Al final, serán los lectores quienes, si lo desean, juzguen.

Álvaro Alonso

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EL TROVADOR DE CHAMBERÍ, UNA BIOGRAFÍA NECESARIA.( Miguel López)

“Hilario Camacho, El Trovador de Chamberí” es una biografía necesaria que llega estos días a las librerías, editada por Sílex y con amplio despliegue fotográfico. Su autor, Álvaro Alonso, ha dado en el clavo al elegir a un personaje fundamental para el devenir musical en nuestro país. Hilario (1948-2006) simboliza una transición musical en los años setenta, paralela al cambio político, que llevó a autores y públicos hacia territorios inexplorados por estos lares. Sólo un puñado de los llamados cantautores no claudicó poco después ante el dinero, siempre interesado en convertir el arte en negocio. El trovador madrileño pagó un alto precio por su fe en Dylan y en los sonidos de la Costa Oeste que llegaban a los oídos juveniles, sumados a una literatura liberadora que dio forma a su vida musical, pero el rock había llamado a su puerta y la abrió.

 Era muy difícil ser hippy en España durante esos años. Escribe el periodista musical: “Esta lucha por encontrar su lugar como artista, a caballo entre la canción del autor, el pop, el folk, el jazz e incluso el rock progresivo, dificultará el poder encontrar una etiqueta bajo la cual definirlo”. Eso es justo lo que intentó Alain Milhaud, recientemente fallecido, cuando produjo el primer disco, “A Pesar de Todo”: poner una etiqueta a alguien inclasificable. Productor y músico establecen una relación paterno-filial que serpentea a lo largo del libro. Es un “descalabro comercial” y desde entonces el músico siente fobia por el éxito y la popularidad, pero bien señala Alonso que “el primer elepé de Hilario Camacho es toda una carrera”. Los críticos le adoran y un grupo reducido de público se mantiene fiel hasta el final, pero eso no entra por el tamiz monetario de las discográficas.
   “A pesar de todo” entra por derecho propio entre lo mejor de nuestra historia músical. Pronto se apelotonan joyas inmarcesibles salidas de su guitarra: El Agua en sus Cabellos, Mis Pies Pisan la Roca (de Flaco Barral), Los Cuatro Luceros, Como Todos los Días, Tristeza de Amor, Ven Aquí, María, Cuerpo de Ola (una historia que recuerda a Viridiana de Buñuel), Dolores… Varios álbumes que saldrán en años venideros son también oro puro: “De Paso”, “Final de Viaje” o “La Estrella del Alba”.
 El escaso eco del primer elepé, un lujo rarísimo en esa España que olía a calcetín, es un golpe duro para Camacho, siempre adelantado a su tiempo. Pero este hombre disponía de la mejor arma para superar todas las tormentas: la poesía. Machado, Blas de Otero, Miguel Hernández (escupido hoy por las mismas fuerzas oscuras de entonces) o Guillén daban munición a los rebeldes como él. A estos nombres se suman otros combatientes liricos del otro lado del charco: Ginsberg (con ecos en De Paso), Corso, Kerouac, Whitman o Ferlinghetti. “La canción popular es la expresión del pueblo embellecida por el poeta y cantada por el juglar”, proclamaba Camacho en la primera entrevista que le hicieron, allá por 1968 y rescatada de la hemeroteca por Alonso junto a una apabullante cantidad de reseñas periodísticas que jalonan el libro.
   Son años de vértigo y el músico se desliza a gran velocidad hacia la contracultura. Se convierte en uno de “los escasos bichos raros en el panorama ibérico”, resume el escritor. Cantó canción protesta cuando era peligroso de verdad, al igual que otros francotiradores que desfilan por El Trovador de Chamberí. El compromiso le condujo hasta los calabozos justo el día de los cinco últimos fusilamientos de Franco, en septiembre de 1975. Hilario está imbricado en la fiebre política de su tiempo y su ciudad, continuando luego con su apoyo a los objetores de conciencia y los insumisos. No permitió nunca que la política le fagocitara, como ocurrió con bastantes coetáneos. Cualquiera sabe hoy día que quien no entra en nómina sufre el silencio, hoy afortunadamente roto por esta biografía necesaria.
Sus inquietudes le hacen también asomarse al cine o al teatro. Frecuenta a grandes artistas plásticos como Octavio Colis, Ángel Aragonés, Genovés o Jaime Compairé, entre otros, porque Hilario tenía como regla “incorporar un artista plástico en letras y en proyecto”.
   Es también un libro muy madrileño, desde el título (Chamberí es un barrio del foro) hasta el recorrido por la casas y calles de Madrid donde el trotamundos dio mil vueltas en busca de su identidad. Las páginas huelen a un mundo que ya no existe de billares, guateques, bares (El Chorizo Loco, Elígeme), boleras, cines de barrio (El Quevedo, Flor, El 2 de Mayo…). Refugios como el Club de Amigos de la Unesco de Madrid, el Ramiro de Maeztu y el paisaje humano (periodistas musicales y nombres míticos como Gonzalo García Pelayo o Enrique González Duro) también encuentran su espacio en este volumen. Se agradece como lector el amplio índice onomástico para seguir el rastro de ese torrente de personajes que protagonizaron en la sombra aquellas décadas.
   De Madrid saltó a Menorca y a varios países europeos con el pulgar al aire, la mochila y la guitarra a cuestas, comme il faut. Genial la descripción de Alonso sobre un viaje en el seat 600 por Europa, en plan road movie, o la de ese refugio entrañable que encontró en Béjar, quizá el mejor espacio musical de Castilla.
   Desde sus orígenes familiares, con una madre que cantaba de maravilla, Álvaro Alonso explica el abrazo vital y mortal que Hilario dio a la música como modo de existir. La orfandad deja una cicatriz de por vida y alivia el dolor desde sus composiciones más tempranas. Una ristra de amores que nunca cuajan por completo le conduce hasta la depresión y la poesía, que absorbe su atención por completo: un ariete contra el hedor franquista que ahogaba toda expresión libre.
    Cincuenta entrevistas con familiares, músicos (Pablo Guerrero, Flaco Barral, Luis Pastor, Amancio Prada, Jorge Pardo…) o productores, entre otros, dan solidez a este libro, que llega un año después de la biografía dedicada a Gene Clark. Y al igual que su ópera prima, es un fastuoso trabajo de campo, con una tremenda pluralidad de fuentes y testimonios que conforman una aportación con rigor incuestionable.
Álvaro Alonso sigue el rastro del músico y husmea los conciertos de una trayectoria errática tirando a clandestina. Las huidas permanentes (del éxito, de una mujer, de sí mismo…) dificultan esa persecución, pero Alonso es un sabueso de la información y logra descubrimientos de arqueólogo musical: veinte demos notables, canciones, poemas, textos y fotografías que han salido de cajones cerrados durante años.
  El escritor también cuenta la historia de discos nonatos y es delicadísimo en el tratamiento de sus estancias hospitalarias o la narración de su muerte. Investiga y cuenta con detalle las últimas horas del trovador de Chamberí, en agosto de 2006. No desvela el misterio de su fallecimiento, pero deja al lector todos los datos: la escoba rota, la comida del gato…
Quizá el libro se quede corto en describir la asombrosa voz de Hilario Camacho frente a la extensa dedicación a su alto nivel para el tratamiento musical de las composiciones. Pero es sin duda un trabajo completísimo y enriquecedor, además de mover al lector hacia reflexiones de calado: el éxito y la calidad, la traición, los arribistas que vampirizan su talento y ascienden, el peso de las heridas de la infancia, los amigos generosos hasta el final…
   El autor cita a Jesús Ordovás, maestro de periodistas: “Hilario estaba con un pie en el rock y con el otro en el aire”. Ese instante volátil queda reflejado para siempre en este admirable y, repetimos, necesario «El Trovador de Chamberí».
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EL FOTÓGRAFO DE UNAMUNO

Ganador del Certamen de Relatos Cortos “Unamuno y Béjar”….el tema estaba centrado en Don Miguel de Unamuno y su relación con la ciudad de Béjar.

”El fotógrafo de Unamuno”, de Manuel Lozano Tébar.

Pincha el enlace y lee….

EL FOTÓGRAFO DE UNAMUNO

MANUEL LOZANO TÉBAR (Albacete, 1972) es profesor de Filosofía en Educación Secundaria. Funcionario de carrera de la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha, ejerce su labor docente en el IES “Estados del Duque”, de Malagón (Ciudad Real). Localidad en la que reside en la actualidad.

En su faceta literaria, ha sido acreedor de diversos premios en la modalidad de relato breve, entre los cuales destacan el primer premio en el I Certamen “Románico Digital” (2013), el accésit en el Certamen Nacional de narrativa breve de la UNED (2014) o el primer premio en el certamen Historias de la Torre Vieja, de Alguazas (Murcia), entre otra decena de premios literarios. Recientemente, su trabajo “La curiosa mutación de Ladislao Benegas” ha sido reconocido por el jurado del concurso “Tierra de Monegros” como ganador en la categoría de mejor relato monegrino.

 

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UNAMUNO Y BÉJAR

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Hacia el año 1900, cuando Miguel de Unamuno comenzó a visitar la comarca de Béjar, era un joven catedrático de Griego de la Universidad de Salamanca que había nacido en Bilbao (1864) y sacado la plaza de profesor unos pocos años antes. En ese año fue nombrado rector por primera vez ―lo sería otras dos más―, lo que hizo que por motivos profesionales incrementara sus visitas, además de las privadas, que no cesaron hasta el final de su vida.
Ya era para entonces un personaje público preocupado por todo lo político, lo social, lo educativo y lo literario, que escribía de forma habitual en los periódicos y revistas del momento y comenzaba a tener una obra literaria, cuya voz era reconocida y respetada en Salamanca, en la provincia y en España. Todo ello iría a más en los treinta y seis años siguientes, hasta convertirlo en el primer intelectual español, cuya vigencia sigue viva hoy como ninguna otra de los integrantes de la Generación del 98 de la que formó parte.
Béjar era en aquellos años una pujante ciudad industrial de 10.000 habitantes, con un fuerte movimiento obrero y una alta conflictividad laboral, una burguesía textil en plena expansión y una elite intelectual liberal y progresista que introdujo los mejores avances en educación, sanidad, reglamentación urbana y cultura; una ciudad, en definitiva, que venía siendo desde la Revolución de 1868 un foco de atención constante en la política y la sociedad nacional.
Gozaba ya de estación de ferrocarril, vital para las comunicaciones y el transporte, y una fuerte implantación de sociedades laborales, recreativas, culturales, educativas y políticas, donde las fuerzas republicanas y socialistas dominaron la escena en aquellas tres primeras décadas del siglo.
Unamuno empatizó rápidamente con ese escenario social y, sobre todo, con la atrayente naturaleza de sus montañas y pueblos, lo que le llevó a fraguar sólidas amistades y relaciones personales tanto en Béjar como en los pueblos de la comarca, hasta el punto de que se convirtió en uno de sus lugares predilectos para el descanso vacacional y eje de partida y regreso de múltiples excursiones hacia zonas colindantes.
Sin duda alguna, no ha habido ningún otro escritor ni personaje público de alcance nacional que haya tenido una relación tan estrecha y dilatada con la ciudad y la comarca en toda su Historia como la que tuvo Miguel de Unamuno.
José Antonio Sánchez Paso
Comisario de la exposición

#bejar #salamanca #unamunoybéjar
Exposición
Unamuno y Béjar
16 de diciembre 2019
12 de abril 2020
Centro Municipal de Cultura San Francisco

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MIGUEL A. SÁNCHEZ PASO Y JOSE A. SÁNCHEZ PASO: Burlas y veras en la gastronomía bejarana.

 

Los hermanos Sánchez Paso, Miguel y José Antonio, insignes bejaranos cada uno en
lo suyo, han escrito un libro de 227 páginas sobre la gastronomía bejarana,
recopilando lo que se sabe de nuestras comidas y bebidas y de sus correspondientes
excelencias a lo largo del tiempo. Todo ello anunciado bajo un título que
inmediatamente de tenerlo en sus manos detiene al lector para ver qué han querido
decir: Burlas y veras en la gastronomía bejarana. Si el título se lee antes de pasar al
contenido, como suele ser lo normal, resulta atrayente porque suena bien e induce
enseguida a buscar en su interior. Si después de haber leído el libro se piensa en el
título, ahora ya que se sabe de lo qué va todo, el lector se puede quedar un rato
pensativo peguntando: ¿Qué (demonios) habrán querido decir exactamente con ese
título? Como no nos lo explican (tampoco es imprescindible) y del libro importa lo que
importa, su contenido, puede decirse, aún sin entender bien tal significado, que está
bien como tal título, signifique lo que signifique, porque resulta sonoro. Y admitiendo
que el título es solo el título y se pueden permitir en ello licencias personales, aunque
sean indescifrables para la mayoría, lo encontramos apropiado, por más que no
sepamos explicar su razón.
Lo primero que hay que decir, entrando ya en materia, es que se trata de un trabajo
costoso de recopilación de datos, provenga de una investigación ex profeso o de la
oportunidad de dar salida a una parte del archivo de quien lleva mucho tiempo
buscando y recopilando referencias sobre (su) Béjar. Puede que lo segundo haya
llevado en este caso a lo primero como una forma de exponer lo se guarda bien
guardado como un tesoro. Hasta ahora, por lo que este comentador sabe y lo sabe
sobre todo a través de este libro, había muchas noticias más o menos gruesas sobre
lo que comemos y hemos comido, pero no un compendio que lo agrupara todo. Con
este libro lo hay, y no nos va caber la duda de que tratándose de quienes se tratan,
habrán rebuscado hasta debajo de las piedras para obtener información. Por lo tanto,
lo primero a comentar es que a día de hoy ninguna otra obra resume y compendia
mejor lo que se ha comido en esta tierra y es posible reconocer por las fuentes y los
rastros que ha dejado todo ello.
Enlazando con lo anterior y ahora entrando en determinadas esencias, conviene decir
que este libro está escrito desde el bejaranismo y para el bejaranismo, para recrearse
en el paisanaje, en lo propio y más cercano, porque trata aspectos esenciales que
están incrustados en nuestra historia, como es lo que se ha comido aquí y está en
trance de marginación por la globalización gastronómica. Si hay un libro que lo cuenta
servirá para que, si queremos volver alguna vez a lo de antes, tengamos a donde
recurrir. Por eso es también este un el libro de recetas. Que pasan doscientos años y
usted quiere revivir lo que comían sus ancestros, ahí lo tiene, inténtelo. Es por tanto un
libro que usa la Historia y es a la vez una guía gastronómica, las dos cosas juntas,
cooperantes, pero cada haciendo su papel. No es un sesudo libro de historia que
cuente nuestros hechos gloriosos y desgraciados, nuestros logros y decadencias,
nuestros progresos y nuestros héroes, es un libro de historia en cuanto a que relatan
factores de la vida cotidiana relacionada con la comida bejarana y sus circunstancias.
La historia de la vida cotidiana es un complemento inevitable de la Historia con
mayúsculas, porque relata la vida diaria de la gente corriente. Es la letra pequeña de la
Historia, como poner el microscopio en ella y ver a lo suyo a toda la masa de gente
que no va a figurar con nombre y apellidos en el relato del tiempo. Así las cosas,
utilizando la comida como base, se cuentan historias, anécdotas y chismes del

pasado, unos recogidos por los propios autores y otros citados de anteriores cronistas
sobre lo mismo, que enriquecen nuestros conocimientos y compendian un aspecto que
interesa. Incluso se atreven a ponerse más serios para abordar temas cruciales para
nosotros, como el origen del calderillo o la relación del escudo bejarano dotado de sus
abejas y la miel que pudo darse por aquí en otros tiempos.
Al tener tanto que ver con la historia de la vida cotidiana naturalmente había que
contarlo bien: digerible, ágil, con desenfado, sin academicismos, no ya solo para saber
algo de un tema interesante como es la comida, sino por darse a la vez el placer de
leer cuando la prosa viene con suavizante. Pues bien, eso lo consiguen los hermanos
Sánchez Paso, que a ratos arrancan incluso una sonrisa al lector, con las ocurrencias
o simplemente con la discreta, pero eficiente verborrea en el lenguaje.
En fin, una obra destinada a dejar el cuerpo bien mientras se lee y mejor después de
terminar el libro, cuando acontece ese bienestar que deja, una vez acabada, la buena
lectura.

J. Francisco Fabián García
Centro de Estudios Bejaranos

 

MIGUEL A. SÁNCHEZ PASO Y JOSE A. SÁNCHEZ PASO: Burlas y veras en la
gastronomía bejarana.
Diputación de Salamanca. Instituto de las identidades. Col. Identidades locales
nº 4. Salamanca 2018.

 

 

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Unamuno y Béjar

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La muestra, aborda la relación y vinculación entre el exrector de la Universidad de Salamanca y la ciudad textil. A través de los diferentes paneles, con textos y fotografías, la muestra ilustra el paso del escritor por la localidad de Béjar y por los pueblos de su entorno.

Esa relación comenzó en 1900 cuando, tras conseguir la Cátedra de Griego, fue nombrado por primera vez rector de la Universidad de Salamanca, cargo que desempeñaría en otras dos ocasiones, según ha explicado su comisario y técnico de la USAL, José Antonio Sánchez Paso.

La colección resalta, según la USAL, una localidad de Béjar que era en aquellos años “una pujante ciudad industrial de 10.000 habitantes, con un fuerte movimiento obrero y una alta conflictividad laboral, una burguesía textil en plena expansión y una elite intelectual liberal y progresista que introdujo los mejores avances en educación, sanidad, reglamentación urbana y cultura; una ciudad, en definitiva, que venía siendo desde la Revolución de 1868 un foco de atención constante en la política y la sociedad nacional”.

Para el comisario, Unamuno empatizó con ese escenario social y, sobre todo, con la atrayente naturaleza de sus montañas y pueblos, “lo que le llevó a fraguar sólidas amistades y relaciones personales tanto en Béjar como en los pueblos de la comarca, hasta el punto de que se convirtió en uno de sus lugares predilectos para el descanso vacacional y eje de partida y regreso de múltiples excursiones hacia zonas colindantes…..

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Anecdotario de don Francés de Zúñiga (17)

Que estando el Emperador para ir a Hungría contra el Turco, ofrecíansele muchos señores de Castilla para servirle en aquella jornada y otros caballeros disimulaban con él, por donde dijo generalmente:
─ Muchos han de querer ir conmigo y yo los tengo de consentir; y otros se querrán quedar holgando y mandarles he que vayan.
Oyolo el Francés e interpretolo a otro sentido y dijo a los Grandes que estaban presentes:
─ Habéis visto qué bien acondicionado es su Majestad, que quiere a los que no le quieren y no quiere a los que le desean servir.
Y tornóselo a decir al Emperador, diciéndole:
─ Bien acondicionado sois, que amáis a quien no os ama y alanzáis de vos a los que os quieren servir.
Repitió esto tantas veces y por tantas maneras que hizo enojar al Emperador y desde allí le desfavoreció, de manera que el truhán, viéndose privado primero y después perdida su privanza, acordó de dejar la corte. Y fuese a su casa pensando de lograr un mayorazgo grueso que había ganado por sus gracias, siendo un pobre sastre remendón. Mas no gozó de él muchos días, que un señor de Castilla le hizo dar de puñaladas por las malicias graciosas que le había dicho, cuando estaba favorido y pujante, delante del Emperador.
[Francisco Monzón, Espejo del príncipe christiano, Lisboa, 1544, fol. clxiii]
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